...Una Mentira Blanca O Una Verdad Negra?...
(Ves Lo Que Te Muestro O Lo Que Quieres Ver?)
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Somos imágenes, proyecciones del alma reflejadas en un cuerpo. Somos conceptos. Somos una TV con pantalla a color. Somos un letrero de Coca-Cola en Alameda, una propaganda política, una ventana a través de la cual podemos mostrarnos tal como somos.
Pero como en todo, podemos estar equivocados y podríamos estar entregando una imagen errada de nosotros mismos. Si la ventana está sucia, si el letrero no tiene una tipografía legible o si el programa de TV está en chino mandarín, entonces la proyección no se entrega claramente, se entrega una idea confusa de uno mismo y existe un error perceptual en el receptor del mensaje.
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Y me pregunto: ¿Seremos responsables de mostrarnos tal cual somos, o somos responsables de cómo percibimos al resto?
Y me parece que en alguna medida, debemos preocuparnos un poco de ambas cosas.
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Lo primero: Tener limpia la ventana. No importa que lo que se vea a través de ella sea una mierda. Eso ya no me incumbe a mí, sino al que percibe. Que el otro decida si sigue mirando o no.
En este caso, nos hacemos responsables de ser lo más claros y honestos posible como emisores de un mensaje, concepto, o imagen referida a nosotros mismos.
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Por otro lado, si voy a China, no puedo exigir que pongan letreros en español. Mi deber es aprender chino mandarín para entender los letreros y no perderme en las calles.
En este caso, nos hacemos responsables de lo que percibimos del resto.
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Es lo que sucede con las Mentiras Blancas y las Verdades Negras.
Generalmente se opta por las primeras para evitar las segundas (y el cargo de conciencia de haber dicho la fea y dolorosa verdad).
Y las segundas para evitar las primeras (y el cargo de conciencia por haber mentido).
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Entonces, ¿Para qué se utiliza la Mentira Blanca?
Para adornar y manipular la percepción que pueda tener el otro con respecto de uno, evitando así que conozca la dolorosa realidad y el lado feo de nuestra propia personalidad.
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¿Para qué se utiliza la Verdad Negra?
Para mantener el control de la propia conciencia y las normas de rectitud que figuran en la escala valórica personal, sin tener ninguna consideración con las susceptibilidades ajenas, haciéndonos 100% responsables del mensaje emitido, y del dolor provocado.
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O sea, no basta con no decir la verdad, sino además hay que mostrarse mejor de lo que somos, manteniendo o intentando por lo menos, de estar tranquilos con nuestra propia conciencia, que podría incluso, llegar a estar más negra que la propia Verdad Negra.
(Aunque como acabo de mencionar, la intención de la Verdad Negra, sea justamente mantener la conciencia tranquila).
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Y cuando optas (como emisor del mensaje) por la Mentira Blanca, te sientes podrido porque tu conciencia te retuerce las vísceras por no haber dicho la verdad, y ocultar información primordial de ti mismo. Y cuando te enteras (ahora como receptor) de la Mentira Blanca y sale a flote la Verdad Negra, asumes que la persona cambió porque tu percepción fue vilmente manipulada (claro, no querían que conocieras el lado feo de la imagen).
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Y si optas por la Verdad Negra te sientes tranquilo por no estar mintiendo, pero demasiado cruel como para volver a mirar de frente a todos aquellos que arrastraste contigo por mantener tu postura y seguir con tu honesta empresa.
Y cuando, en tu postura de receptor, te enteras de la Verdad Negra te duele y percibes a la persona como un tejedor de intrigas y cahuines, cuando su intención primera era justamente la que sonaba más acorde a los valores primordiales para relacionarse con otros individuos en este pérfido planeta.
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SORPRESA!
En cualquiera de las dos situaciones, lo que cambió fue tu PERCEPCIÓN de esa persona, no ESA PERSONA.
LA GENTE NO CAMBIA, LO QUE CAMBIA ES NUESTRA PERCEPCIÓN RESPECTO DE LA GENTE EN LA MEDIDA QUE NOS VAMOS CONOCIENDO.
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¿De quién es la culpa entonces? ¿Del que no se mostró o del que no quiso ver? ¿Del que dijo la Mentira Blanca para proteger al que no quería ver la Verdad Negra? ¿Del que prefirió asumirse como víctima por un error perceptual? ¿De aquel que prefirió la Verdad Negra por sobre el daño innecesario a terceros inclusive, traicionando valores que se anticipan al sólo hecho de decir la verdad? ¿Del que optó por cualquiera de las dos opciones pero siempre de buena fe?
¿Del que, a pesar de haber tomado cualquiera de los dos caminos, fue crucificado porque el que percibió SIEMPRE percibió equivocadamente?
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Planteo el tema. No defiendo ninguna de las dos posturas, simplemente pongo arriba de la mesa la idea de lo que cada uno quiere mostrar, de lo que cada uno quiere percibir, de la capacidad de manipular la verdad o de manipular la mentira, independiente de si el fin es la buena o mala fe (aplicada a uno mismo o al que está a mi lado).
Moraleja Valórica: Criterio. Esto lo soluciona. Aplica tu sentido común a cualquier decisión que tomes, en tu postura de activo o pasivo, de emisor o receptor, de víctima o victimario. Siempre.
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Moraleja Mentirosa: Independiente de la decisión que tomes, Mentira Blanca o Verdad Negra, ponte de acuerdo para que todos sigan una misma línea. Sino, la cosa tampoco funciona.
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Moraleja Cínica: No te gastes mintiendo ni diciendo la verdad. Hazte el huevón. Si te preguntan tú nunca sabes nada.
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Moraleja Chora: Qué tanto si mientes o dices la verdad, el resto da lo mismo, si les gusta bien, sino, bien también. Mala cue'a!!!
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Moraleja Cómplice: Básate en las lealtades. Esto es lo más simple. Independiente de si escoges la Mentira Blanca o la Verdad Negra, siempre estarás tranquilo contigo y con aquel al que le debías más lealtad en ese momento.
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(Ud. elija la moraleja que se le asemeja)
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